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trata de una obra de humor con textos propios, armados a partir
del juego y la improvisación con los cuerpos y el espacio,
llevando la acción al límite.
El bullir incesante de la vida, el hecho de que la mujer es una,
pero también de que cada una es todas las mujeres, es presentado
en sucesivos cuadros que no explican nada porque no hay nada que
explicar
La propuesta era reírnos de nosotras mismas; y pensamos
en llevar esas situaciones al plano de lo espectacular -Imágenes,
situaciones objetos y lectura de otros textos- fueron algunos
de los disparadores dramáticos para abordar este espectáculo.
Parte de un realismo exacerbado, se pasea por un humor absurdo,
y recala en situaciones desbordadas, para dar lugar a una sonrisa
irónica e inquietante.
No somos heroínas, o victimas, tampoco pesimistas o sufridas
simplemente somos mujeres que departimos el mundo sin pudor, nos
destornillamos de risa de nosotras mismas.
Arquetipos de mujeres perturbadas que sobreviven en esta sociedad.
Mujeres aferradas a un objeto emblemático –un plumero,
un limpia vidrios, un bols, un batidor, participan de la necesidad
de contarse, de fijar en el fluir de su oscura existencia un poco
de si mismas.
Dos mujeres que cuentan lo que uno diría que es contable
y también lo que no lo es, en un discurso ritualizado y
sonorizado al máximo, rayando el desborde expresivo y emocional.

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